MANEJAR EL CONFLICTO ES MI VOCACIÓN

MANEJAR EL CONFLICTO ES MI VOCACIÓN

 

Reportaje realizado por Sergio Otálora, publicado por la revista EL MUNDO AL VUELO de AVIANCA, número 226 de noviembre 1997.

  


Con esa vocación, entonces, ¿se moriría de tedio un país nórdico? Ríe, y apenas si lo piensa dos veces: “Estaría conciliando conflictos matrimoniales”, dice Alberto Merlano Alcocer, un hombre que no revela los años que tiene entre pecho y espalda, pero si su origen caribe, de Sincelejo. Su gracia mayor es la de haber armado una teoría sobre el conflicto y la conciliación, con la fe y la disciplina de su alma de cura; con una entrega tan apasionada, que hace ya doce años maneja uno de los puestos más bravos del país: el de vicepresidente administrativo de ECOPETROL, es decir, vérselas todos los días con la beligerante Unión Sindical Obrera, en una zona, el Magdalena Medio, donde se cruzan todos los cables: la subversión, las Fuerzas Armadas, los paramilitares, la huelga, los desaparecidos, los secuestrados, las amenazas de muerte y, en efecto, los crímenes. 

Está en su salsa: la acción, sobrevivir en el centro del huracán, y, lo mejor, tener éxito. “Las situaciones de conflicto no me alteran. Me preparé para eso: la búsqueda de acuerdos y para evitar confrontaciones que generen mucho desgaste entre las partes”. Lo que sí lo perturba de veras son las toneladas de papeles sin gracia que tiene sobre su escritorio, “mi fuente de estrés son las arandelas administrativas de mi trabajo”.  Pero su oficina no parece un epicentro de temblores, grandes o chiquitos: es más bien austera, adornada con fotos de exposición tomadas por él mismo en diferentes épocas, atravesada por una “buena-energía” que no se dispersa a pesar del timbre permanente  de los teléfonos o de los problemas que llegan a cada minuto. 

El hombre estudió administración de empresas en la Eafit de Medellín, hizo master en la Universidad del Valle, y desde ese momento se dio cuenta que su “nicho” era la administración a escala humana, un revuelto peculiar, claro, con el sello Merlano, de Erich Fromm, la psicología transpersonal, el psicoanálisis, la cultura oriental, la filosofía de la no-violencia, la religión, la física, la teoría de la relatividad, y por último, si cabe, la imagen del arca de Noé, ejemplo bíblico de convivencia propuesto por el psiquiatra Luis Carlos Restrepo y símbolo de la última convención colectiva de trabajo. “Hacer parte de ECOPETROL es como estar en las ligas mayores, en todos los campos: es el manejo de la USO, es la violencia que azota regiones. En este proceso me ha tocado trabajar mucho en lo de la paz, tema en el que ha habido más de una contribución y de un problema”. 

Antes de ECOPETROL, estuvo en Carvajal como director de desarrollo de personal, empresa líder en ese campo y todo, pero se aburrió como una ostra. Era apenas obvio: ahí no pasaba nada. “Cuando me retiré, después de trabajar tres años largos, me preguntaron cuál posición me hubiera gustado ocupar y yo les dije que la gerencia de la cooperativa de trabajadores” 

¿Por qué le atrae tanto lo conflictivo? 

Tal vez por no serlo. Mis mejores amigos, en el colegio, en la universidad, eran los conflictivos. Yo era una de las pocas personas con las que ellos podían tener una relación normal. De hecho, cuando ellos peleaban con sus novias yo las recogía, me convertía en el conciliador, el que trataba de levantarle la moral a la abandonada. 

Y en la elección de pareja, ¿También las ha buscado conflictivas? 

No. En mi vida personal trato de vivir en paz, pero el conflicto me parece productivo, inevitable. Tengo cuatro hijos, y uno adoptivo. Lo paradójico es que a veces resulta más complicado vivir en paz con la gente que uno más ama, que con la que uno menos trata. 

¿Hay algún conflicto, personal o profesional, que se le haya salido de las manos? 

Creo que todos los he podido manejar. No tengo enemigo serio en ninguna parte, ni relaciones tirantes con nadie. Otra cosa es que se puedan establecer relaciones profundas con una persona con la que haya tenido conflictos. Me precio de no tener confrontaciones, aun en ECOPETROL, que es bastante difícil. Tengo mis enemigos, esos que lo ven a uno malintencionado o maquiavélico, pero ellos no se declaran abiertamente como tales. 

DEJAR AL TUBO EN PAZ 

¿Cómo se maneja el tema de la paz en ECOPETROL? Debe ser como un termómetro de la radicalización, año tras año, del país. 

Entre los años 1992 y 1994 hubo una confrontación aguda, pero en estos tiempos ha bajado a raíz de medidas ejecutadas como la protección de los trabajadores y de los directivos, y de la iniciativa que se tomó en el desplazamiento de la gente amenazada de muerte; también la USO  se apersonó de los programas de paz en el Magdalena Medio, con un congreso en el que participaron el sector petrolero, los obreros y grupos de guerrilla que se comunicaron a través de la radio; se puso a funcionar la comisión mixta de derechos humanos, es decir, los trabajadores y la administración hemos realizado una labor conjunta para tratar de construir un clima de paz y servir de intermediarios entre la guerrilla y el gobierno para sacar al petróleo de la guerra. La idea no es tan enredada: se trata de que la insurgencia no la ataque, para destinar parte de los recursos que se van en defensa, en acciones sobre los desplazados por la violencia. Implica, además, la desmovilización del ejercito y de la guerrilla. 

Pero esto es un vaivén: un día parece que hay acercamiento, y otro se rompe la comunicación y quedamos en ceros... 

Cuando se agudizan las situaciones de confrontación, se abren opciones antes impensables. Hoy es posible que los contactos continúen aunque estemos en guerra. En la época de los diálogos de Tlaxcala o de Caracas, el proceso fue perturbado por las acciones militares. Creo que ambas partes aprendimos la lección: dialogar aunque la guerra continúe. 

Para llegar a la paz en Colombia ¿Es inevitable una presión militar de las    Fuerzas Armadas? 

Sí, claro. La guerra como parte de la solución, pero sin odio.

No entiendo. Una de las razones para que prolongue nuestro conflicto armado, es que hay, precisamente, mucho odio...

El estadista, el que maneja la guerra al más alto nivel, debe estar exento de odio. Es entendible que quien está en el monte echando bala, odie, porque si no, puede titubear al disparar, y morir. Todo karma, dicen los orientales, debe ser vivido para que se acabe. Eso ocurre con la guerra y el odio: deben ser experimentados para demostrar su inutilidad. No creo que en un país como el nuestro se pueda manejar la guerra con alguien que crea que la solución del problema sea la aniquilación del otro.

EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO 

“Mira: es como el ying y el yang. Si necesitas un mediador en el Ministerio del Interior, requieres un guerrero en el de Defensa. La lección la aprendí rápido, cuando trabajé en el Sena: tenía que compensar mis debilidades rodeándome de personas distintas a mí. En ECOPETROL es así: El equipo de negociación con el sindicato es de gente dura, orientada hacia resultados, y poco conciliadora. Entonces, ellos me controlan y yo los controlo. 

¿Se le ha ido la mano como conciliador? 

Muchos dicen que sí. Yo también lo creo. Desde una perspectiva más positiva, la comprensión del otro se asocia con el amor, jamás se le puede ir a uno la mano amando al otro, pero desde el punto de vista social, de pronto el exceso de una tendencia puede ser negativo. 

En su familia, ¿también hay línea dura y línea blanda? 

Mi padre era muy cálido, mi mamá era la que impartía la disciplina, dentro de un esquema muy costeño: la matrona que premia y castiga: el padre adopta una posición distante, el mío actuaba así, pero era muy amoroso. 

Ahí esta sus raíces de la no-violencia... 

Mi papá fue un buen pacificador, un hombre no-violento durante toda su vida. Y se relaciono con los demás en paz. Ese ejemplo me marcó. 

¿Administración a escala humana, significa que el área tan complicada de los afectos es, la principal materia prima de su trabajo? 

Así es. Querer a la gente que es tu contradictora forma parte de la filosofía de la no-violencia, que se fundamenta en el amor. Tu contendor siempre es bienintencionado, y en el peor de los casos es un hombre equivocado. Desde el ámbito psicológico, también hay la misma perspectiva: tu conducta es consecuencia de tu percepción de la realidad. 

¿Cómo es eso de poner la otra mejilla, así las agresiones sean cada vez peores? 

Gandhi decía que la no-violencia es para los que no temen morir. No es una prédica para el que no esté preparado. Es para aquellos que tenga un nivel de conciencia que les permita estar dispuestos a morir antes que matar. 

Es difícil imaginar un escenario de no-violencia, a lo Gandhi o Luther King, en una guerra tan honda, difícil, larga y sangrienta como la colombiana. Suena a estoicismo. 

La conciencia es un sentir, no un acto intelectual. En la medida que tú evoluciones en conciencia, incorporas a tu propio sentido de identidad más gente, más cosas, que en apariencia están fuera de ti. Cuando Gandhi actúa de una manera no-violenta siente que todo hombre es su hermano y que todo territorio es su patria. El dolor ajeno me duele; me conmueve la muerte del otro, porque es parte de mí, así no lo conozca. La confrontación del no-violento implica un proceso de conversión del violento, de transformación del otro, y no se le transforma matándolo, No se trata de estoicismo, sino de perdonar, después de haber odiado.

Entonces supongo que la clave de su éxito como negociador está en su propio grado de conciencia. 

Nace de ahí, no de una estrategia, o de leerse un libro de cómo manejar situaciones conflictivas, mientras consideras que el otro no tiene la verdad, y tú si la tienes; que tú eres superior al otro, o que el otro es un comunista o un asesino. Es como el efecto de Estocolmo, pero en positivo. En un grupo llamado “Empresarios por la paz”, hace año y medio recibimos a un paramilitar que nos contó su experiencia de estar en la cárcel, con su grupo, en compañía de guerrilleros. Al principio se odiaban, pero la cárcel los acercó, los obligaba a verse, y empezaron a dialogar. Cuando el paramilitar salió libre, se llegó a un acuerdo de paz con los guerrilleros. Fue un proceso que se gestó en la cárcel. Cuando empiezas a entender la vida de tu enemigo, y lo ves como un ser humano, la percepción del otro cambia. 

TIRO AL YANG 

Su tono es de predicador. Le faltó poco para ser cura. 

Sigo siéndolo. Estuve en el seminario, sigo teniendo una vocación de lucha por la transformación de la sociedad, el objetivo es claro, tanto ayer como hoy, pero la ideología cambió. Hay más flexibilidad, menos dogmatismo. Soy un creyente pero de otro tipo. Tengo una filosofía basada en las ciencias naturales, no se trata de que estas prueben a Dios, sino que la visión científica sea compatible con una concepción espiritual del mundo. 

En esa larga búsqueda interior, Alberto Merlano es ya un viejo zorro en el control de sus propias emociones; “fui peleón, claro, en la adolescencia, aunque no iniciaba la pelea, pero sí me defendía”. Hoy, aún se defiende, pero de una manera; digamos, más virtual. Es una estrategia rara, que si él mismo no la menciona, uno jamás se la podría imaginar: “Desahogo mi agresividad con la práctica del tiro al blanco, de sonido que produce la caída de la silueta, el golpe metálico. Y me encanta el cine de acción, por ejemplo Doce monos, o Duro de Matar. Mucha gente no comprende esta parte mía.” 

Pero es que el ying y el yang de Merlano. Y él, como buen conocedor del alma humana, sabe que a la final nadie en este mundo, ni el más cuerdo de los mortales, está más allá del bien y del mal.

 

 


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