ANOCHE TUVE UN SUEÑO
ANOCHE TUVE UN SUEÑO...
ALBERTO J. MERLANO A.
MARZO – 2000
Estaba con Dios y le pedí me concediera lo que le pidiera.
- Con mucho gusto me contestó, lo que solicites te lo daré siempre y cuando contribuya a tu evolución y no afecte la de otras personas.
- Quiero que la que se fue me ame como antes y
con solo pensarme se erotice todo su ser.
- No, me respondió. Sería violar su libertad, si ha de regresar a ti debe hacerlo desde su autonomía, descubriendo en el camino de la experiencia que te ama y desea lo suficiente, para querer permanecer a tu lado el tiempo que les sea concedido; no porque yo, a solicitud tuya, así lo programe.
- Deseo conocer cómo va a evolucionar mi relación con ella para poder manejar mejor mi vida presente.
- Tampoco, me dijo. Te privaría de aprender a manejar la ambigüedad y a amar sin poseer. Esa opción mataría en ti la esperanza si descubres que es vana o la haría inútil al convertir en certidumbre lo que hoy es promesa.
- Pon entonces
ante mí alguien que supere a la ausente en todos los aspectos y con quien pueda
establecer la relación de compañeros, amantes, cómplices y hermanos que tanto
he anhelado.
- No es conveniente. Eliminarías el placer de derivar en estado de alerta suprimiendo la aventura y el disfrute del azar propio del camino. Te proveería además de una adormecedora seguridad al hacer imposible la duda por haber elegido yo tu compañera y no tú. Debes continuar siendo responsable de tus aciertos y equivocaciones.
- Permíteme
entonces insensibilizarme ante el dolor que me pueda causar la aparición de
otro hombre en su vida y en su cama.
- Nuevamente tengo que negar tu petición, pero
aceptar tu ruego equivaldría a matar en ti el amor por ella. El vacío de su
ausencia te hace consciente de su presencia; así, aun sin ella, está contigo.
¿Cómo ansiar su regreso y llenarte de gozo si ello sucede, si no experimentas
la pena de su partida? Te privaría por otro lado, de la oportunidad de
trascender el dolor amándola más, no menos, centrándote en tu esencia, el
espíritu, que simplemente ES y a quien ni el placer ni el dolor perturban.
- Me desconciertas, dije. Entonces ¿Qué puedes hacer por mí?
- Nada que tú no puedas hacer por ti mismo. Debes seguir desarrollándote a tu ritmo, aceptando las experiencias de tu vida con amor y curiosidad, desplegando todo tu potencial que es mi potencial, porque tú y yo somos uno. Cuando estés preparado podrás obtener sin mi ayuda, si así lo quieres, lo que hoy me pides haga por ti y que precisamente por venir de mí y no de ti, entorpecería tu evolución.
- He
entendido. Te agradezco que estés allí recordándome que eres parte de mí que y
que soy parte de ti; es suficiente.
- Estás aprendiendo hijo, dijo, y desapareció.
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